viernes 6 de julio de 2007

Una de las maravillas del mundo en Sonora

Tonatiuh Castro Silva
La campaña mediática-cibérnética-mercadotécnica del enlistado de las “nuevas siete maravillas del mundo” me lleva a pensar algunas cuestiones: en primer lugar, me hace relacionarlo con Sonora (más que por etnocentrismo –ya que como saben mis amigos, no soy sonorense de nacimiento-, por una intención consciente de analizar las siguientes dos cuestiones…); me parece inevitable recordar que el norte de México en general, es considerado desde un punto de vista histórico y cultural un área retrasada en relación a Mesoamérica (lo cual me hermana con los sonorenses, al haber nacido en el mero norte, junto al río Bravo); y en tercer lugar, se me ocurre si alguna vez (es decir, dentro de 1,500 o 2,000 años Sonora tendría una obra o sitio como candidato a ser una de las 7 maravillas del mundo (si es que este aún existe). Trataré de analizar brevemente los dos últimos temas (¡no el del fin del mundo!)...

Los bárbaros del norte
La consideración de que el norte ha ocupado una posición inferior respecto a las culturas mesoamericanas desde los puntos de vista cultural, económico y político, se basa principalmente en dos referentes: la supuesta inexistencia de la agricultura, y la inexistencia de la arquitectura monumental.
Sin embargo, debemos acotar que la agricultura fue practicada por varias de las primeras sociedades del noroeste (trincheras, yumanos, río Sonora), aunque los historiadores y demás especialistas han ignorado esta actividad. En cuanto a la arquitectura, la de carácter monumental, esplendoroso y de conjunto sólo es posible encontrarla en Paquimé, en el actual estado de Chihuahua. Sin embargo, la arquitectura y la ingeniería prehispánicas tuvieron obras magníficas en el sureste de EEUU-noroeste de México, y muestra de ello son las obras que se encuentran en la región, correspondientes a la cultura de Trincheras. Cabe hacer mención de las “casas grandes”, casas-habitación de varias plantas encontradas en Arizona, o las casas en acantilado de Cuarenta casas, sitio perteneciente a la cultura de Casas Grandes, en Chihuahua, o el mismo tipo de construcción en el valle de Bavispe.
La maravilla (sonorense) del mundo
¿Qué sitio de los existentes hasta el momento merece ser considerado como un sitio de valor histórico-cultural? ¿Cuales de éstos tienen el rango para aparecer entre las maravillas del mundo? En el apartado anterior mencioné las obras prehispánicas como un referente de la arbitrariedad del criterio de la inexistencia de arquitectura en el noroeste en la época prehispánica. Sin embargo, es reconocible que una obra con características extraordinarias como para tener reconocimiento mundial corresponde a alguna etapa histórica posterior a la prehispánica, es decir, a partir de lo que los mexicanos llamamos “la colonia”. Considero que desde un punto de vista histórico-cultural, el orden o estilo de mayor relevancia en el noroeste ha sido y es el barroco y, evidentemente, como en toda Latinoamérica, esta corriente tuvo su principal expresión en los templos católicos. ¿Cuál es la importancia del barroco en Sonora? En primer lugar, consideremos que se trata de una corriente artística nacida en Italia, propagada posteriormente a Europa y después a Latinoamérica. Es por ello que la simple manifestación del orden en un entorno natural y cultural radicalmente diferente al de su sitio de origen le da valor por su misma existencia. ¿Pensarían alguna vez los creadores del barroco (bueno, aunque nunca se propusieron crear una corriente ni la nombraron como tal en aquella época), que su propuesta sería ejecutada alguna vez cimentando en la arena, levantando con adobe y mezquite? –¿conocieron el mezquite?-); ¿saben los historiadores del arte que el barroco se manifestó en un desierto del mundo cuando el estilo era plenamente contemporáneo?.
Tras la delimitación barroco-templo católico, es necesario entonces definir cuál de los templos, que originalmente fueron misiones jesuitas, guarda características extraordinarias. Son pocos los que se encuentran de pie, y aún menos los que aún cuentan con servicios religiosos, entre ellos los de Moctezuma y Pitiquito.

Me parece que indudablemente la fachada más representativa del barroco sonorense es la del templo de Tubutama. Sin embargo, el templo de Pitiquito tiene elementos que le dan un valor extraordinario: cenefas, murales, relieves y figuras que conjugan tanto al bien como al mal, y que contrastan con la conceptualización actual de la arquitectura religiosa.

En este texto no propongo una candidatura independiente ni futura, únicamente es una reflexión, basada en la realidad sonorense, para mostrar el etnocentrismo y la arbitrariedad cometidos tanto al establecer la antigua lista de las 7 maravillas del mundo, como la actual de las “new7wonders”.










Fotografía de ruinas de casa grande en Arizona: Edward Curtis.
Fotografías de Templo de Tubutama: TCS.